martes, 9 de febrero de 2010

LA TERICIA

LA TERICIA


Se engloba bajo esta denominación, a una serie de síntomas correspondientes a procesos de tipo anémico o hepático (hepatitis viral, ictericias obstructivas, clorosis, anemia hemolítica, incluso depresiones nerviosas etc.) que cursan predominantemente con palidez, astenia, ictericia, cambio de carácter, “decadencia”y otros síntomas. No siempre la ictericia es el síntoma principal. Hay “tericia” sin ictericia. En Benitagla se afirma que el principal síntoma de la “tericia” es que se “aburre el pan”. Para otros sería consecuencia de un “derrame de hiel”, consecuencia de sustos, de anorexia o de malas digestiones. La terapéutica principal es “mirarla”.
La sintomatología de la “Tericia” es descrita con singular maestría por el poeta Sotomayor que da magnífica lección de la Medicina Popular almeriense, en uno de sus poemas:

LA TERICIA



Nadie sabe afijo
que es lo que l`entrao

..................................

se l`entarquinao (Entarquinao: Lleno de lodo los bancales (Escobedo), La misma acepción en Murcia. Aquí en el Almanzora :ponerse la piel del color del tarquín O sea, afecta de palidez o ictericia)
su color de fuego
s`ha perdío del pago
s`ha ío de su boca
su risa y su canto,
--y los días enteros
se pasa llorando.
Su madre nos dice
cuando apreguntamos
q`es mal de tericia
lo que l`ha mudao.

He recogido testimonios de esta afección en Benitagla, Líjar, Níjar, Taberno y Rambla de Oria. García Sánchez, 2000 la recoge para Vélez Rubio. Torres Montes (2003) habla también de ella.
El saber popular clasifica la “tericia” en “amarilla”, “verde” y “pasá”, en orden al pronóstico y a la gravedad de la misma, siendo la más leve la “amarilla”(ésta puede curarse con solo dos o tres sesiones). La “verde” no es mortal, pero responde poco a la terapéutica. La “pasá” tiene un pronóstico infausto y el sanador ante ella no “puede hacer ná” porque los familiares se han descuidado y han acudido tarde al curandero que la “mira”.Ni las medicinas que mandan los médicos hacen ya nada para esta afección “pasá”. La tericia amarilla puede perder su relativa benignidad y entonces agravarse y hacerse “pasá”o incurable. Torres Montes (2003) solo la diferencia en normal y pasá. En Oria se distinguen tres clases: “roja”, “amarilla” y “negra , en orden de gravedad. Una afección “negra” en el lenguaje popular del Almanzora es la de máxima gravedad .Por ejemplo se dice:”tengo un resfriao negro...”
Las personas que poseen la gracia para “mirar la tericia” y de este modo curarla, son curanderos no profesionales. Se trata de especialistas exclusivos en este mal. Generalmente son hombres (Taberno, Rambla de Oria, Níjar) al contrario de lo que suele ocurrir con los especialistas en otros males como el mal de ojo o la culebra que por lo general son mujeres. Estos hombres son una especie de “zahoríes” que tienen mucha “fuerza en la vista” o “fuerza en la mirá”, tanta, que pueden ver a las mujeres desnudas y por eso aciertan fácilmente el color de las prendas íntimas femeninas. Tal ocurría con “Joaquín el de la Tericia” de Níjar, que adquiere su apodo por la gracia adquirida para mirar esta afección popular. (Por la misma razón si no pagas bien al zahorí, éste tiene la facultad, de pasado un tiempo hacer que tu pozo se seque.)
Para la cura de este proceso parece ser que no existen oraciones. Solo se cura con la gracia o fuerza que el curandero tiene en la vista. Este sería portador de una dynamis curativa ante la cual, la vis morbis (fuerza de las enfermedades) es neutralizada por otra fuerza: la de la vista del curandero, la energía que éste tiene en la vista.
Cuando un enfermo acude a que el sanador le “mire”, si el médico le ha prescrito inyecciones, inmediatamente se las suspende; asegurando que las inyecciones son “contrarias” a la “tericia” o sea, son perniciosas para la afección. (Recuérdese que uno de los mecanismos más frecuentes de la transmisión de las hepatitis B y C, son las agujas de inyección). Los “curadores” que es imprescindible que estén en ayunas para “mirar” miran de forma atónita primeramente durante unos pocos minutos “fijamente” al paciente, al tiempo que realizan una pequeña anamnesis de sus males al enfermo y a los familiares que le acompañan, dictaminando muy pronto si de trata de “tericia” o el mal es otro. Si el diagnóstico es positivo, proceden a su clasificación según el grado de gravedad. Si el caso lo requiere, hacen sentar al paciente a unos metros del sanador que también permanece sentado y en silencio “mira” durante un cuarto o media hora al enfermo. Durante varios días el paciente tiene que acudir a ser “mirado”hasta que se encuentre completamente curado. Cuando la tericia está “pasá”, el curandero la reconoce “na más que verla” y su pronóstico como ya hemos dicho, en este caso es infausto.
La tericia ha de ser mirada un número impar de veces.
Se dice que los que “miran” la “tericia” sufren mucho: “se ponen muy malicos también ellos. Se ponen muy flojos, sufren mucho mientras miran”. Vemos que el procedimiento es una forma de curación “por transferencia” del mal del enfermo a la persona que lo cura, como ocurre en otras dolencias como el mal de ojo o las verrugas. Sobre el curandero ya citado del Campo de Níjar, Joaquín “el de la Tericia”, familiar de Paca la Coja, la novia de las “Bodas de Sangre”, anciano de más de ochenta años que curaba por los años ochenta del siglo pasado, oí decir:“ya está muy viejo, ya no mira. No quiere mirar porque se perjudican ellos. Se pone mu flojo cuando quita la “tericia”, se pone mu malo”.Así me hablaban de ese viejo que “ya no ejercía su virtud”. Ya el abuelo de este personaje al que llamaban el “Baldao”también miraba la tericia. Tenían una mata en la pared de la habitación, “que la tenían como sagrá”, “no la vayas a tocar a la mata”, decía. El padre curaba los brazos, las piernas, dolores, magullamientos, huesos...era muy bueno. Venía gente de muchos sitios a curarse. La nieta también sabe mucho de hechicerías”.
La mirada de éste sanador era “tan fuerte” como para absorber el mal que era transferido a sí mismo.
En la Garrucha de la posguerra curaba Andrés el de la Tericia.”Ante el paciente representaba una escena de contorsiones y gestos vesánicos y furibundos que supuestamente desalojaban el mal. Previo a cada ataque se tomaba una copa de licor que le servía su mujer .Venían a su consulta gentes de todo el contorno; tenía mucha fama. Curaba la tericia y el mal de ojo junto ala fábrica de hielo de Garrucha” (Siles Artés: “Una vida por libre”.Axarquía, 2004)
Cuando el curandero vivía cerca como ocurría con “Joaquín el de la Tericia” se hacía necesario por los vecinos hacerse curar como “tericia” algunos procesos que en otro lugar hubieran sido catalogados, por ejemplo, de mal de ojo o de “sol en la cabeza”. La existencia de un curandero cercano en medios rurales sin medios de transporte, condiciona adecuar el diagnóstico de muchas enfermedades populares en una sola, solo por la necesidad de que el enfermo sea tratado de alguna manera. Este sanador solo cobraba la “voluntad” Solo admitía lo que el enfermo quisiera darle en dinero o en especies, porque sino podría perder la “gracia”.
En la comarca de los Vélez se recoge también la “tericia”que ha de mirarse tres veces.
Quien sufre de “Tericia”debe salir al campo y buscar una mata de manrubio y dirigiéndose a ella decir:

“Buenos días manrubio
que te vengo a visitar
con una poquita de orina
y una poquito de sal”
El cantueso tomado en infusión nueve mañanas seguidas es bueno para la “tericia”
La Isabel la “Desmayá”vio a una de “tericia” y se puso ella también muy mala (Líjar, 1978)http://www.lulu.com/content/libro-de-tapa-dura/la-medicina-popular-en-almer%c3%8da/4748171

1 comentario:

  1. busco a un amigo llamado JORGE DIAZ y únicamente puedo añadir que se dedicaba hace años a curar y/o sanar con hierbas. hoy dia debe tener unos 65-66 años y si alguien me puede dar algunas señas, lo agradeceré: mi correo es: soypakote@gmail.com

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